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¿Y si la manera en que respondemos a la crisis es parte de la crisis?

En medio de una impotente desesperación por la fumigación y tala masiva de almendros en las tierras alicantinas para acabar con una bacteria (Xylella fastidiosa) que se hospeda en los almendros -con una estrategia denominada erradicación, que consiste en fumigar antes y después de destruir todo vegetal susceptible de albergar Xylella (especialmente almendros) en 100 m. a la redonda (esto es, 3,14 ha. de devastación por cada árbol que alberga Xylella)- imaginamos que pasábamos a la acción y nos vestíamos con monos blancos y máscaras antigás que cubrían totalmente nuestra caras cargados con mochilas para fumigar y entrábamos en los despachos oficiales de las personas responsables de la masacre (que ya se sabe, científicamente, aunque lo ignoran, que no se logrará erradicarla) y les rociábamos el cuerpo con … ¡agua de rosas!

Consultando a algunos amigos, nos desaconsejaron tal acción y fue entonces cuando decidimos escribir a nuestra amigo Bayo Akomolafe, a quien conocimos en una estancia que hicimos en Schumacher College hace un tiempo. De las conversaciones que mantuvimos con Bayo, nos impactó lo contra-intuitivo de su visión. Se preguntaba: «¿Y si nuestra respuesta a la crisis formara parte de la misma crisis?» o «Vivimos tiempos de urgencia, así que, relajémonos».

Fruto de la correspondencia que mantuvimos nació el siguiente ensayo, en colaboración con Charles Eisenstein, cuya traducción publicamos aquí. En él hay pistas para tratar con la Xylella sin demonizarla, sin hacerla el enemigo a batir, entendiendo que -quizá- lo que hace la Xylella es un síntoma de lo que nosotros los seres humanos le hacemos al ecosistema.

Hay una manera muy diferente de entender nuestro mundo. La manera en la que venimos haciéndolo en occidente es obvio que no nos conduce a buen puerto. Bayo y Charles muestran a través del ejemplo de la crisis que la Xylella nos está manifestando qué otros caminos podríamos transitar para convivir en un mundo sin enemigos.

¿Será posible comunicarse con Xylella y preguntarle qué necesita? ¿Qué podríamos ofrecerle nosotros? ¿Cómo sanar el dolor por las decenas de miles de almendros arrasados?

Xylella nos ofrece una oportunidad. ¿Cuál es el tesoro que oculta?